
Un día por el año de 1995, en una reunión de Coordinación de obras de construcción de un edificio institucional, le preguntó el Gerente de Construcción al Arquitecto, que porque se esmeraba tanto en el techo, a lo cual ripostó: “Los edificios tienen cinco fachadas, este, norte, sur, oeste y el techo”. El Gerente le dijo: -“Pero Tomás, el techo no lo ve nadie..!!”, a lo cual dijo: -“Si.! Lo ve Dios”.
Días después completó: -“Los edificios tienen cuatro fachadas más: las que se ven de noche”.
Esta anécdota, que hubiera casi pasado por desapercibida, se ha convertido por muchos años, en mi lema preferido de la excelencia, el amor al arte, a la ciencia, y a la profesión. Cuando un Arquitecto puede pensar en la perfección, la calidad de diseño, y la perfección en los detalles, no puede sino estar respondiendo tanto a su yo interior, como a un patrón que ama la belleza, el orden y la perfección.
Tuve el honor de haber sido discípulo del maestro Tomás Sanabria, cuya visión pudo conjugar perfectamente la eterna diatriba entre lo “lo que se puede hacer y lo que se debe hacer”. Se desempeñó en un país tropical, aunque sus estudios los hiciera en Harvard, donde las estaciones castigan a los edificios y hacen que su respuesta sea contundente. En el trópico, los arquitectos hemos sido más internacionales, usando fachadas de vidrio cortina, fachadas iguales y otros aspectos que han denotado en algunos casos, el predominio de la forma sobre la función.
El arquitecto Sanabria sin embargo, supo comprender la realidad solar, el clima, los vientos y el confort. Solo antes, y como maestro integral, estuvo el maestro Carlos Raúl Villanueva, a quién no tuve el placer de conocer. Ambos conocieron el clima y su arquitectura como un fiel reflejo de las condicionantes y realidades de nuestra ubicación geográfica.

Comenzó naturalmente por Ingeniería Civil, culminando los tres primeros años de carrera, pero en vista que no existía todavía la carrera de arquitectura, viajo a los Estados Unidos para completar sus estudios. Es un ejemplo de mitad ingeniero, mitad arquitecto; el estadio ideal para un profesional de la construcción. Tuvo de profesores, a los grandes maestros de la arquitectura europea, expulsados en la segunda guerra mundial, y entre los cuales se nombran, Walter Gropius, Martín Wagner y Marcel Breuer, creadores y seguidores de la Bauhaus, escuela referencia de las artes europeas. Para los que creemos en la gerencia del conocimiento, me encuentro entonces, a solo dos pasos de los grandes maestros, y algo por transferencia debe haberme llegado.
Durante cinco años, tuve el honor de compartir sus enseñanzas y valores; entre los cuales se superponía la creencia y la convicción de lo posible.
Fueron muchas anécdotas, que ahora en su partida, han llegado a mi memoria de nuevo. Cuando por primera vez, fui llamado por el gerente de construcción, me pidió que sirviera de enlace con él, ya que siendo arquitecto con toda la vida profesional en la ingeniería y la construcción, podría fungir de “intérprete del proyecto” entre los dos.
Mi primer trabajo fue construir una baranda. Sus indicaciones eran: 12 grados, 30 minutos y 12 segundos. (Era lo que daba el cálculo), pero muchos herreros habían pasado por allí sin poder solucionar tal exactitud. Conseguí al mejor herrero de Caracas y en función de que el edificio era a escala natural y los planos eran a 1:20, decidimos trabajar, tanto en plano como en escala natural. Durante días y casi noches, nos enfrentamos a ensayo y error, cortando soldando, costando y soldando. Al término, teníamos la más bella baranda que se pudo hacer. Antes de buscar aprobación, calculamos los ángulos y establecimos parámetros. Se aprobó.
He tenido mucha suerte de trabajar en la relación maestro-aprendiz, de profesionales de la talla de Martín Vegas, discípulo de Mies Van der Rohe, de Carlos Agell, discípulo de Carlos Raúl Villanueva, de Alberto Chaves, el mejor viviendista de Colombia, de Germán Toro, el visionario de la Propiedad Horizontal en Caracas y Madrid, Gustavo Torres y del maestro Tomás Sanabria, discípulo de Gropius, Breuer y Wagner. Maestros de maestros; lo que hace que el compromiso sea mayor, al hacer escuela y dejar legado; en cualquiera de las vertientes de la profesión que se escoja.(Yo lo hice con la docencia en la Escuela de Ingeniería Civil de Caracas)
Hoy Maestro, estás diseñando espacios infinitos… feliz viaje. Gracias por sus enseñanzas, criterios y visión del espacio, del edificio y de la ciudad, como un todo sistémico. Gracias por su actitud de respeto al ambiente y a los espacios urbanos, que además ha dejado como legado a Caracas.
Hasta siempre…!!