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miércoles, marzo 31, 2021

No esperes a tener sed...

 No esperes a tener sed, para tomar agua es un consejo que muchos médicos recomiendan. Sobre todo, que a los de la tercera edad se nos olvida o no le damos importancia. Son 8 vasos de agua al día al menos, para que el agua tenga un efecto saludable y de protección al organismo. A veces pasa que la gente grande se le olvida, y se deshidrata.

Sin embargo esta sencilla y poderosa frase o consejo, va más allá de lo obvio. Si lo haces propio, es posible que le encuentres utilidad en otros aspectos de la vida. Si la usamos como metáfora nos da otra información. Por ejemplo, no esperemos a perder a alguien para decirle lo que sentimos por ellos; lo podemos hacer a tiempo. También, postergamos decisiones en el ámbito laboral que se toman cuando el cuerpo se queja.  Y así, cuando llega la sed, podría ser que ya la requerimos por necesidad. 

Y así, no esperes que te ardan los ojos para pestañear, no esperes a que te suba el azúcar para reducirla, no esperes la llegada del virus, para usar mascarilla. Vivimos en un ser que se comparte en tres piezas; la emoción, el actuar con el lenguaje y el cuerpo.

El cuerpo habla generalmente, habla mucho. Los dolores de espalda por ejemplo, tienen un histórico inmenso de eventos desatendidos. El dolor ya es como la sed.

La vida es un regalo. Vivámosla. Un día a la vez, tomando agua, al menos 8 vasos diarios...

sábado, mayo 09, 2020

Almanidad

¿Espíritu joven?


Según los aprendizajes en psicología positiva, en el deseo de poder escribir sobre el “espíritu joven”, es que encontré que espiritualidad sea cuando,

"Me siento espiritual y creo en un sentido de propósito o significado en mi vida; y veo mi lugar en el gran esquema del universo y encuentro significado en la vida cotidiana". (VIA Institute)

A lo complicado de definir  lo que sea “espíritu joven” se le agrega  que para ser espiritual, se deba conocer el sentido de la vida y que consiga mi puesto en el esquema del universo. ¡Nada fácil!.  Para poder escribir sobre este tema se hace necesario el poder entender que significa para mí y para otro, el espíritu, y de allí, lo espiritual o la espiritualidad. Según la psicología positiva y en la descripción anterior, se define que sea una fortaleza de carácter que compone nuestra personalidad. Son atributos pre existente en las personas que nos permiten actuar de manera determinada y alcanzar objetivos, acciones o metas. La definición completa sería,

“Las fortalezas del carácter son un conjunto de rasgos positivos presentes en el ser humano que ayudan a que las personas tengan vidas satisfactorias” (Via Institute)

Le agregamos a la construcción de significado, las nociones del ser, el ser humano y los rasgos positivos. Cuando uno indaga un poco más, resulta que más se complica, pues aparece la psique, o el alma, el espíritu, el cuerpo, el yo y el ser. Y eso sin adentrarnos mucho en las posturas de Freud y de Jung acerca del yo, el superyó y el ello.

Para salir de esta maraña confusa es que decidí pensar en tercera persona y colocar sobre la mesa algunas definiciones sobre el espíritu, que vienen desde lo judeo cristiano, lo hinduista, lo ontológico, lo místico y aun sobre mis propias creencias.

“Alberto es un individuo de mediana edad, profesional, estudioso, que ha decidido plantearse, a objeto de escribir un artículo, lo que significa lo espiritual o el espíritu mismo. Para ello, comenzó con lo que indican las sagradas escrituras judeo cristianas sobre el tema. El hombre está compuesto de tres elementos que son uno, así como la trinidad, el cuerpo, el alma y el espíritu.

Resulta que el hombre nace con el cuerpo siendo un ser espiritual por esencia. El espíritu es la esencia del hombre, un poco como la llama de la vida; difícil de conocer con palabras ya que es impersonal. El alma, sin embargo, que es el tercer elemento, si es personal a cada ser humano y posee la voluntad, la mente, y las emociones. Requiere ser revisado continuamente para desarrollarse y ser mejor. El espíritu, para el cristianismo al igual que muchas culturas antiguas, ven al espíritu a aquello que nace con el cuerpo y que solo se transforma cuando acoge lo que no puede comprender. Alberto entiende que no son partes sino comprensiones de la misma forma en una “unicidad”. La unicidad del ser.

Para los existencialistas y en la filosofía ontológica, se plantea al ser y su unicidad además al devenir del ser. Los seres humanos somos seres lingüísticos, dotados de inteligencia y memoria lo que nos permite aprender y trascender. Así es como la palabra con su poder transformacional, genera futuros y podemos realmente cambiar la constitución de lo que somos. Pero, con lo indicado antes, ¿Qué sería lo que puede cambiar?, ¿el cuerpo, el espíritu o el alma? Para los antiguos griegos, Alberto piensa que estaba claro. Psique significa alma, por lo que psicología sea el tratado o el conocimiento del alma.  Sin embargo, se habla de lo espiritual, no de lo propio del alma, aunque en la unicidad, sea más o menos hablar de lo mismo. 

A la pregunta anterior, Alberto piensa que lo que cambia o pueda cambiar, sea lo que nos es único: el alma. Contiene la voluntad, que aplica según las fortalezas que lo forjan y usa como parte de su personalidad. Con esto, con el manejo de la voluntad y con la mirada ontológica, el alma hace la parte de lo que necesita en los tiempos que le toca vivir y en sintonía con las circunstancias. Al final, en la unicidad del ser, es que este puede cambiar en el tiempo y cohabitar en su cuerpo que reacciona a las emociones por medio de los sentimientos y a los factores externos a través de lo corporal.

Según los planteamientos del Gurú indio Sri Sri Raví Shankar, la existencia del ser humano tiene siete capas, algo como la piel de la cebolla. La más externa es el cuerpo, donde todo habita y todo pasa. Luego la segunda, es la respiración, sin la cual no hay vida. Estas dos constituyen el nivel corporal básico. El tercer nivel es la mente que codifica y co relaciona, luego el intelecto, lo propio del humano. La quinta es la memoria, la capacidad de recordar y que con el uso del intelecto, pueda reflexionar sobre lo que nos pasa, y aprender de forma consciente. La sexta es el ego, forjado en la infancia para protegernos de los agentes externos y que pudiera seguir protegiéndonos mucho mas allá desde donde podemos hacernos cargo.  Por último, la séptima, es el ser. Estas dos últimas capas representan los niveles espirituales de la existencia.

Alberto sabe por Jung que para trascender y conocer al ser, el hombre debe hacerse cargo de su capacidad de protección y del manejo de sus emociones. Entonces debe atravesar al ego. Jung lo llamaba “el regreso a casa”. Un poco ahora, Alberto entiende que es como conocer su esencia, aquello que los investigadores a través de la historia, han tratado de definir. No es parafraseable, parece, por lo que no se puede definir. Es por eso, que en la incapacidad de intelectualizar este concepto, lo hayan llamado inconsciente.  El regreso a casa no es más que romper barreras para atravesar al ego, y poder llegar a la esencia. Aquella que una vez pudimos ver en la ocasión de estar en el umbral de la muerte.

Dice Sven Doehner un psicólogo transpersonal mexicano, que en el caso del ego, algo debe morir para que algo nazca. Atravesar el ego es eso, es el propio desapego. Es como arrancar una pieza de belcro unida a otra pieza. Corremos el riesgo de lo desconocido, pero el premio siempre será el poder conocer al ser.

¿Qué es un espíritu joven?. Alberto no lo sabe. El espíritu está dado. Sin embargo sabe que nos movemos, que `podemos cambiar. En ese movimiento de desapego profundo de las creencias más íntimas, es que puede construir nuevas. En la acción y el movimiento abraza a su alma, a ese niño pequeño de su ser, que quiere ser libre. Con su alma y con su cuerpo, quizá llegue a la unicidad del ser: a su espíritu.

Yo digo ahora, “soy un alma joven”. ¿Espiritualidad o almanidad?"

Nota: Ayer en una charla, la Psc. Victoria Tirro, se hizo mención a un escrito de Thomas Mann acerca del cuerpo, el alma... y el espíritu. Dice algo como que luego de la creación el cuerpo estaba incompleto así que se le envió al alma, pero el alma se enamoró del cuerpo. Entonces se tuvo que crear el espíritu para controlarlos. 

Para ella, el espíritu es la conciencia, la noción de los opuestos, el sabio. El alma entonces, con las pasiones y sentimientos. Ella dice que el inicio, el hálito, está en el alma. Seguimos leyendo...

Nos es un tema fácil. Hay que leer mucho. Y solo leer sino escuchar hacia adentro. Nosotros estamos contenidos pero contenemos tambié. Pienso que la respuesta la tenemos. Si no tuviéramos las distinciones lingüísticas, ¿cómo podríamos nombrarlas? No pretendo dar cátedra en esto. Solo escribo para compartir lo que voy siendo a lo largo de este nuevo camino de tres...

La foto es mía. Me inspira a la reflexión. Son orquídeas venezolanas

miércoles, abril 22, 2020

15 años sin parar del blog FacilityManager


“El tiempo el implacable, el qué pasó”

Por los años de 1974, me estaba graduando de bachiller. Veníamos de unos años desgarrados y violentos, producto en parte del mayo Francés del 68 que a Venezuela llegó por los 70. En esos tiempos solíamos escuchar a la nueva trova Cubana, cantando letras que hoy en día, sabemos que no entendimos mucho. Sin embargo, Pablo Milanés, le puso música a los versos de José Martí. 
De ellos, “el tiempo el implacable, el que pasó” ha quedado por años en nuestra memoria:

El tiempo, el implacable, el que pasó,
siempre una huella triste nos dejó,
qué violento cimiento se forjó
llevaremos sus marcas imborrables.

El poeta nombra al tiempo de implacable, que tiene que ver con la rigurosidad con la que algo se hace; en este caso con lo que pasa y deja. Más adelante en la canción dice:

Cada paso anterior deja una huella
que lejos de borrarse se incorpora
a tu saco tan lleno de recuerdos
que cuando menos se imagina afloran.

Los recuerdos son sin dudas los hijos de las vivencias, aquello que nos va quedando luego de caminar. Bien cierto dice que cada uno de ellos se va acumulando a un gran saco y desde allí somos lo que la suma de ellas vaya produciendo. El saco lleno de recuerdos y de huellas es lo que somos y como dice el poeta, “cuando menos se imagina, afloran”.

La vida es una maravillosa suma de partes que luego de vividas podemos entenderlas como un sistema, que es mucho más que todas ellas puestas unas al lado de las otras. El saco es el sistema, luego de tanto vivir, lo que hacemos se incorpora y mueven unas con otras y podemos entonces, en un sobresalto, poner mano a alguna de ellas que aflore para salir fortalecido. 

¿Será que la Resiliencia tiene que ver con la experiencia?.

No comparto con el poeta que todo lo vivido nos deja huellas tristes; al fin y al cabo son huellas y para más señas, son las nuestras. De lo triste y lo alegre se aprende por igual y esas emociones nos constituyen como las personas que reconocemos que somos, en nosotros mismos.

En el ejercicio de este ensayo escribí en una hoja de papel la profesión que tengo y quizá la profesión derivada. En el otro lado de la hoja puse como título: “Mis Oficios” y fue entonces cuando me di cuenta del tamaño del saco que tengo y comenzando a aflorar aquellas “marcas imborrables” que dejan las huellas con un paso firme al andar.
Tengo 20 0ficios.

Y cada oficio en cada momento, y no siendo el mejor, sino el mejor para mí en la colección de vidas vividas que me han conectado con lo posible, con la compasión, con la escucha activa y acompañar a los que menos pueden andar. Ayer escuchaba que cuando uno hace algo por alguien, lo puede hacer desde la obligación o lo puede hacer desde el amor. Yo escogí la segunda. Lo que pasa es que es una fina línea que los separa y a veces, ni uno mismo es capaz de encontrar la diferencia; pero muy profundo, al lado del corazón se encuentra los propósitos.  Alguien siempre te podrá decir lo que ve, y uno en su “darse cuenta” validará o no la opinión del otro. Lo que importa es lo que uno llega a ver y validar de su propio camino. (Los oficios sin duda, constituyen un Diario de Vida)

A los 12 años descubrí que era titiritero, yo mismo los construía. Los hacía de cartón o de tela, de material reciclado o comprado. La fama de un niño entreteniendo a niños, llegó a los colegios y se peleaban para que fuera a hacer el teatro. Tenía una maleta mágica como la de Félix el gato, (mi ex Alter ego), donde había de todo. Mi hermana y mi sobrina hicieron sus pasantías y trabajos especiales con mis teatros de títeres. A los 18 descubrí la música por un piano viejo que llegó por accidente a la casa en una mudanza de un familiar. A los 23 era organista. Luego cuatrista. Tiempo después el arco y la flecha. En la vida profesional aprendí los oficios de herrero y albañil, pero nunca lo ejercí, como casi todos los oficios.
Y así en el tiempo, ceramista, pintor, repostero, bloguero, perito avaluador, profesor universitario, constructor, locutor, repostero, comediante, payaso y ahora fotógrafo.

Quizá tendría más riqueza material si hubiera seguido la ruta de la hiper especialización pero no sé si tan feliz, como siendo un poco de lo que me ha dado la vida a través del tiempo. Es por eso, que uno sigue los pasos del ser que se va siendo, como decía Arturo Uslar Pietri, y en ese andar es que uno puede darse cuenta de lo que puede llegar a ser con solo desearlo, (y hacerse cargo); esa es la magia del devenir, la magia de un mundo de emociones y experiencias diversas que te conducen a percibirte como un ser pleno. Como dijo la Piaf, “no me arrepiento de nada”.

Nota: Como dice el coach @fernando.saenz.ford que cada quién en su búsqueda, excave ocho pozos de un metro. Cuando el buscador se encuentra a si mismo,  piensa que es mejor excavar un solo hueco de ocho metros y se convierte en practicante. Ser practicante nos acerca al ser. Yo creo que cada quién encontrará, según su camino, su momento.
Este blog cumple 15 años. Ya no escribo como antes, quizá en la adaptación de nuevas formas de comunicarse, más inmediatas. Tengo perfines en Instagram, Facebook, Twitter. Hace años los blogueros discutíamos si era el fin de todo. Acá estoy, 15 años después de que me preguntara “¿y qué es un blog?”

Además decidí celebrarlo en el día del libro, que además es el día de Saint Yordi, quién, al matar al dragón para salvar a la princesa, vió brotar rosas rojas  en vez de sangre.

Estamos en cuarentena, el mundo entero vive una pandemia ocasionada por un virus llamado Covid-19. Todo el mundo se está cuidando, quizá encerrado en sus casas y en algunos casos, llorando a sus muertos. Me despido como dice otro coach llamado Alejandro Pérez Bolaños, @apbinspiring, que algunos “somos peregrinos”. Algunos peregrinos, somos buscadores; algunos buscadores nos convertimos en practicantes en la búsqueda del ser. Alejandro dice, “buen camino…”