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lunes, noviembre 06, 2017

Desarrollo de competencias del coach: el observador

El modelo del coaching ontológico se basa en la Ontología del Lenguaje (Echeverría, 2005), descrito por Rafael Echeverría. Lo ontológico desde la filosofía griega antigua, tiene que ver con el conocimiento del ser. La ontología del lenguaje tiene que ver con el ser y su relación con el lenguaje.  La ontología del lenguaje tiene tres postulados, que son:

1. Interpretamos a los seres humanos como seres lingüísticos.
2. Interpretamos al lenguaje como generativo.
3. Interpretamos que los seres humanos se crean a sí mismos en el lenguaje y a través de
el. (Echeverría, 2005)

Entonces, somos seres humanos que utilizamos la comunicación oral, y que generamos ser de acuerdo a como actuamos y la acción genera ser. El mismo Echeverría un tiempo después para explicar los postulados, diseña el modelo OSAR, que nombra al ser como el “Observador”, que genera una acción y obtiene un resultado. Coloca dos re alimentaciones; la primera del resultado a la acción, y lo llama aprendizaje de primer grado y aquel resultado que genera ser,  lo llama aprendizaje de segundo orden o grado.

Sin embargo, si usamos este modelo y sus tres postulados en forma reducida y sencilla como en el gráfico anterior podemos observar que el ser de las personas es acción y esa acción se convierte en ser. Actuamos en función de lo que somos y somos de acuerdo a como actuamos: el lenguaje es generativo, sin dudas. Esto deriva en el “devenir”, donde podemos ser lo que queramos ser, o podemos actuar de una manera determinada para ser lo que queramos ser.

La ontología del lenguaje además de postulados tiene tres principios. El primer principio tiene que ver con lo que el autor ha llamado “El observador”, que no siendo una entidad como tal, sirve para identificar el proceso de generación del ser desde el lenguaje: ontología del lenguaje.  El primer principio, objeto de este ensayo, nos dice:

·         “No sabemos cómo las cosas son
·         Sólo sabemos cómo las observamos o cómo las interpretamos
·         Vivimos en mundos interpretativos” (Echeverría, 2005)

En un mundo acostumbrado a decir que cuentan con “verdades”, este principio nos resulta un poco extraño y controversial. Pero ya el Talmud, el libro del judaísmo,  nos decía desde la antigüedad, que “no vemos las cosas como son, vemos las cosas como somos”. Reconociendo este principio entendemos que las personas cuando conversan, lo hacen desde cada particular estado del observador. Desde el lenguaje, las personas deben tener el compromiso de entenderse y saber lo que se quiere decir.

En mis clases de coaching de fortalezas propongo una conversación entre un físico nuclear y un músico clásico conversando de arquitectura. Quizá tengan que ponerse de acuerdo en las palabras y además tratar de entender como llaman a las cosas. Imaginen ahora que no tienen el mismo idioma y necesitan un intérprete.

No sabemos cómo son las cosas; de alguna forma podemos saber cómo somos o quizá como “vamos siendo” en el devenir de la vida, y desde allí podemos observar el mundo y hacer nuestras propias interpretaciones. Muchos gerentes en las organizaciones tienen una mirada única y no aceptan o no saben cómo aceptar, que otros tengan miradas distintas o hagan interpretaciones distintas de las cosas. Estos gerentes son propositivos, no indagativos. La nueva gerencia requiere de personas que sepan escuchar y que puedan reconocer en el acto de hablar, que todos somos distintos y por lo tanto, que tenemos una distinta manera de percibir el mundo.

El modelo del observador, OSAR, de Echevería plantea que vemos el mundo de una manera particular desde lo que somos; desde allí actuamos y obtenemos resultados. En la gerencia moderna como hemos dicho y en el acompañamiento que hace un coach al observador que cada quién es, debe estar atento a todos los elementos del entorno, de las palabras en su estructura de coherencia y desde lo dicho, la emoción y el acompañamiento corporal, para poder entonces, poder realizar una interpretación de lo que está observando.
En este proceso como coach para mejorar y desarrollar las competencias tanto para el escucha como para el observador, he decidido hacer talleres de fotografía digital. Es un hombre y su cámara, atento al entorno, interpretando lo que acontece, y capturando una imagen para que otros que la observan, puedan hacer las mismas interpretaciones que el autor de la toma.

La hipótesis que me he planteado es,

¿Puedo mejorar mi capacidad de observación de las cosas que me permitan ser más asertivo en mis interpretaciones, a través del estudio de la fotografía digital?

Con la conclusión de un primer taller podría decir que el adquirir técnicas de fotografía digital si favorece al coach en la adquisición de mejores competencias como observador. Y resulta que en estas técnicas todo se convierte en metáforas. Se trata del manejo de dos variables, principalmente: la abertura del objeto que observa y el tiempo de exposición en la observación hasta capturar la imagen. Y ciertamente en el escucha a otro, desde el observador que somos o vamos siendo, es que podemos ayudar a otros a solventar las trabas y poder avanzar. En los procesos de coaching o a través de la gerencia del líder coach, es que se requieran más y mejores herramientas de observación, basadas ciertamente en el manejo de los actos lingüísticos y ciertamente en la capacidad que tengamos de escuchar. En el acto de escuchar y observar, retomando las metáforas, debemos tener la habilidad de captar imágenes que involucran lo que dicen, con lo que sienten y con lo que dice el cuerpo.

La observación, en la fotografía digital, se desarrolla a través de la búsqueda de significados, luces y sombras, movimientos, captura de hechos, descubrimientos, adaptaciones, reconfiguraciones, re encuadres, vacios y silencios; todos, elementos del coaching ontológico.

Creo sin lugar a dudas, que todo coach o gerente coach, debería estudiar fotografía digital

Referencia bibliográfica:
  • ·         Echeverría, R, (2005). La Ontología del Lenguaje. Chile: JC Saez Editor
  • ·         Mata, R. (2017). Taller de fotografía Digital 1. TFRM: Material de apoyo. Hacienda La Trinidad, Caracas


Gráfico: slideplayer.es

viernes, septiembre 25, 2015

Proceso para el perdón desfundando los juicios de los estados de ánimo

(Basado en Seligman (2005) y Eccheverría, (2006))


Introducción
Este nuevo método para perdonar viene a complementar el mencionado por el Dr Seligman, cuyo acrónimo es REACE y se basa en un proceso por medio del cual nos damos cuenta de lo que pasó, lo ponemos en contexto y hacemos una carta del perdón, para tratar de colocarnos en una posición que favorezca al perdonar.

El proceso de perdonar.
La predisposición a perdonar, fundamentadas en las 24 fortalezas de Seligman (2005),se componen de atributos entre los que se destacan la gratitud, la capacidad de perdonar, por supuesto, la capacidad de amar y ser amado. Se entiende entonces, que de alguna forma estas fortalezas interactúan y aparecen para que,se pueda  liberar el dolor de acciones no perdonadas, y se constituyan en  hábitos que conduzca al logro de bienestar sicológico y físico.
Seligman (2005) basado en un estudio de Everett (1996), estructura lo que vendría a ser un ciclo por medio del cual y en la práctica constante, lograríamos convertir al perdón como en un hábito, basado en las fortalezas mencionadas.
El ciclo está compuesto de cinco fases,
1. Recuerde el daño objetivamente
2. Empatía, se comprende porque el otro hizo daño
3. Don altruista, recordar en situaciones similares, cuando uno haya sido perdonado y usarlo a favor del perdón
4. Establecer un compromiso y escribir un documento de perdón y
5. Engancharse al perdón. No es olvidar lo sucedido sino cambiar el apego a la acción y convertir el dolor en aprendizaje. Es revivir la fase 1, sin que genere sentimientos de rencor, aprehensión o dolor.
Esta última propuesta se enfoca en ver el estado de ánimo desde la existencia de un juicio arraigado en esa dimensión específica. Si recordamos por ejemplo algún quiebre emocional, y pensamos en alguien diciendo “esa mala mujer que me hizo eso…” es muy probable que aunque hayan pasado mucho años, no hayamos perdonado y el recuerdo nos evoque el juicio y la actitud que le dio origen. Es así como en una evocación sentimental pueda pasar que el juicio sea fáctico, desde la idea que no lo podemos cambiar, y desde la actitud del rechazo, por lo que nos coloca en esa dimensión en Resentimiento.
No se puede perdonar si siempre nos encontramos en resentimiento, por lo que entonces tenemos dos vías, la primera es cambiar el juicio de valor que origina el estado de ánimo. Podemos pasar de un juicio desde lo fáctico a comprender un mundo de oportunidades nuevas que tenemos ahora, una vez que nuestro ser ha cambiado en el tiempo. La segunda es desde lo actitudinal, si aceptamos o rechazamos algo. Suele suceder que cuando al analizar un juicio y no se pueda sustentar, entonces cambie asì mismo la actitud.

El coaching puede ser una forma de hacer el cambio; la otra forma es el cambio en la actitud; pasar de lo factico que es rechazado a lo posible que ahora es aceptado, que nos moviliza hacia emociones de paz y de ganas de seguir adelante.

¿Qué  hacemos con los juicios o desde los juicios?
Los juicios una vez detectados y analizada la corporalidad, emocionalidad y verbalización, y validado por el otro, podemos ubicar dicho juicio en una de las cuatro estados de ánimo. Su sencillo proceso es como a continuación se indica;
1.       Identificar el quiebre
2.       Articular el quiebre
3.       Distinguir los juicios que lo sustentan, (las preguntas desde la emocionalidad)
a.       Fáctico
b.      De posibilidad
4.       Disolver juicios desde su propia realidad
5.       Cambiar su actitud como consecuencia o usarlas para disolver el juicio
6.       Declarar el perdón

El coaching del perdón, se puede hacer como parte de la resolución de un quiebre o como un proceso deliberado y consciente que decide emprender una persona al darse cuenta que la carga de emocionalidad negativa le comienza a afectar las actitudes cotidianas o hasta su desempeño laboral, familiar o personal. Una persona, en su proceso de crecimiento interno, puede decidir  comenzar un proceso de perdón, con el compromiso de cambiar los juicios que afectan la toma de decisiones y aun más, en el cambio de su actitud como persona y ante los eventos de la vida.
La meta del coaching del perdón es colocar al asistido en actitud de aceptación de lo que no puede cambiar por un lado, para alcanzar la paz, o en segundo término, cambiar la percepción o entender que es posible el cambio, para colocarse en actitud proactiva , orientada a la acción  o ambición (involucra la esperanza). Puede pasar también que lo que pensamos que es fáctico, (no lo podemos cambiar) sea solo un problema de percepción y al cambiar nuestra mirada, cambia también la emocionalidad.

Coaching del perdón y la psicología positiva.
El test de Valores en Acción, VIA, del Dr Seligman propone que tenemos seis virtudes y 24 fortalezas de carácter que estarían asociadas en este modelo en la constitución de la actitud del modelo de Echeverría. La actitud estaría constituida por las fortalezas en su práctica constante y en los resultados que se obtienen. El Perdón es sin duda una de las 24 fortalezas del VIA. ¿Puede perdonar una persona que no la posee entre las primeras fortalezas? Sin duda que sí. El Perdón como hemos visto se constituye en una decisión o práctica deliberada y consciente apoyada en sus primeras fortalezas y en sintonía con las 10 emociones positivas que ha detectado la Dra. Bárbara Fredickson.
Sabemos también que los estados de ánimo aparecen en ámbitos distintos y pueden ser distintos también. No existe coherencia natural en la aparición de estados de ánimo en la totalidad de las dimensiones del ser, a menos que se encuentre en el mundo de la psicología tradicional y de sus patologías, que no pertenece al alcance de este escrito. En condiciones normales, una persona puede estar en resentimiento con algo en particular y estar en paz en el ámbito del hogar. O estar en resignación en su hogar y en resentimiento en lo social. Puede según el modelo, ocurrir una mezcla de juicios dependiendo de las distinciones y las dimensiones en que se observa.

Puede pasar también, y pareciera ser lo mas común, que una persona tenga un estado de ánimo coherente en todos los dominios d su vida, lo que llamamos, "estructura de coherencia". Esto quiere decir que desde los 4 estados de ánimo: paz, resignación, resentimiento y ambición, que una persona se encuentre siempre en el mismo estado.
Entonces, una persona resentida lo sea en su casa, en el trabajo, en los estudios.De esta forma, encontrando los juicios que la colocan allí sea mas fácil cambiar toda la estructura. Lo que pasa es que esos juicios que colocan a una persona en el mismo estado de ánimo sea mas difícil de localizar pues se fundan en la niñez, o adolescencia, y casi siempre por emociones que no fluyen, que se estancan, que se re alimentan. Por eso los padres, en la educación de sus hijos, deban estar pendientes del manejo emocional y la inteligencia emocional.

Desde lo positivo y habiendo aceptado que los estados de ánimo constituyen al ser y derivan en la acción en las emociones positivas o negativas, entonces podemos pensar, que lo mejor es que un asistido o coachee alcance estabilidad de actitudes en todos sus ámbitos de acción, de manera que no asocie con su historia nuevas acciones que lo conecten a la negatividad. El uso deliberado y prolongado de las 10 emociones positivas, derivan en un cambio en los estados de ánimos que constituyen el ser. Desde el cambio de actitudes podemos disolver juicios y sustituirlos en práctica deliberada en todo un proceso de bienestar, desde donde, sería mucho más sencillo, realizar prácticas del perdón.

martes, marzo 17, 2015

La paradoja del buen orador


paradoja
nombre femenino
1.     1.
Dicho o hecho que parece contrario a la lógica.
"perseguir la paz con la violencia es una extraña paradoja; la paradoja es que los denunciados son más honestos, legales y admirables que el pretendido mundo exterior, oficial y legalizado"
2.     2.
LIT
Figura de pensamiento que consiste en emplear expresiones que aparentemente envuelven contradicción.
"“nacer para vivir muriendo” es una paradoja"
Fuente: Biblioteca de Google (2015)


Una vez estuve en una conferencia, que realmente estuvo impactante. La capacidad de comunicar del orador era impecable, divertida y corporal. Sin embargo, al salir, alguien le preguntó a mí acompañante:

-¿Cómo estuvo?, preguntó

-Excelente, dijo ella

-¿De qué trató?

-No sé bien, pero lo hizo excelente…

Tener dominio de la voz y de la escena, no nos convierte en buenos oradores. Debemos poder, entrar en el mundo de las personas que nos escuchan, facilitarles procesos de aprendizajes, crear nuevos mundos emocionales que les muestren nuevos conocimientos y realidades.
La paradoja del buen orador es, que se es mejor orador, en la misma medida en que nos convertimos en mejores escuchas, . Porque hemos dicho, que el que escucha es quien valida al orador, y en ello va la capacidad de interpretar al público que lo escucha, al respeto que da el reconocimiento del “otro”, y a entender al contexto. Es por eso, que a partir de este año, los talleres que imparto de Comunicación y Oratoria, tengan como base los conocimientos ontológicos del lenguaje, en el saber escuchar. Escuchar es, percibir e interpretar.

La percepción se hace a través de nuestra biología, de nuestra realidad biológica, mientras que la interpretación se realiza por medio de nuestros valores, lo que hemos vivido, lo que pensamos y lo que las cosas son. Vivimos en mundos interpretativos, (Echeverría, 2003), y en función a ello, cada quién percibirá el mundo desde su propia realidad, en su propio momento. Este enunciado, definitivamente es paradójico desde el punto de vista de que el orador llega a un lugar a expresarse ante la gente, no a ver desde donde escucha, y como lo interpretan.

Sin embargo, quizá este principio, venga a ser lo más importante para ser un buen orador:

 ¡debe aprender a escuchar primero…!.

 ¿Y cómo aprende a escuchar?

Pues según Echeverría, (2003), son cuatro los pasos o actitudes para desarrollar esta mega competencia, ellos son:

  •      Verificar al escucha. Le preguntamos al otro, si puede parafrasear lo que dijimos y así observar en que cosas nos diferenciamos y que otras distinguimos como iguales. Igualmente el que escucha, valida al orador desde su propio mundo interpretativo. ¿Para qué hablamos?, pues para ser escuchados. Esta serie de eventos hace que el “otro” sea reconocido como un valido “otro” y desde allí, nazca la comunicación efectiva, tan importante en organizaciones y en política.
  •     Compartir inquietudes. Cuando hablamos, lo podemos hacer desde un mundo de “intenciones”, que no conducen al final a ninguna parte, o desde el mundo del compartir aquellas cosas que nos inquietan y que juntos podemos diferenciar.
  •      Indagar. Se trata que al reconocer al otro, como auténtico, y entonces se realicen las preguntas adecuadas para poder llegar a saber más del orador. La indagación es como una “danza” de preguntas y respuestas. Es a través de la indagación que podemos aprender de las cosas buenas que sabemos hacer y su aplicabilidad en las organizaciones o en la vida cotidiana.
  •     Hacernos cargo de las brechas. Si estamos en mundos interpretativos, y las cosas son como cada quien las percibe, entonces podrá pasar que existan diferencias. Esas diferencias en esta nueva comunicación ontológica es vista como brechas que separan a dos que conversan. Desarrollar la escucha es hacerse cargo de las brechas y disminuir los espacios que nos separan cuando nos comunicamos.

Otro aspecto del buen orador convertido en buen escucha, tiene que ver con el manejo de los tres dominios ontológicos; el lenguaje, el cuerpo y las emociones. Desde el conocimiento del cerebro triuno, (o los tres cerebros del hombre), podemos entender que como una buena oratoria no solo depende de la actitud, del manejo del cuerpo, del mensaje, sino de lo que les hacemos sentir en un mensaje determinado. Ya no se trata de hacerlo sentirse emocionado, olvidando el tema, sino a través del tema, sentirse emocionado. Los mensajes que nos hacen sentir emociones positivas, nunca serán olvidados y es a través de ellos que recordaremos los mensajes. Allí radica la diferencia en la nueva comunicación.

El cerebro más antiguo es el llamado “cerebro reptil” y donde se alojan las reacciones corporales para la vida, y antes, para la supervivencia. El cerebro animal, o límbico contiene o genera las emociones primarias, aquellas que también observamos en animales desarrollados. Por último, el neo-cortex tanto en su lado derecho e izquierdo controla el lenguaje y es desde allí, que podemos distinguir afirmaciones, declaraciones y juicios. La palabra es transformadora y genera acción. El buen orador debe saberlo también, y hacerse responsable por lo que dice y a quién lo dice.

El nuevo orador, ya constituido con una mejor capacidad para escuchar, (lo que lo hace así mismo, aprender a ser humilde…), aprende a manejar coherentemente sus tres dominios y los reconoce funcionando desde su cerebro triuno. El buen orador, ahora, es capaz de entender el poder de la palabra, y construye ideas y conceptos, en función de la validación de quien lo escucha y en sintonía absoluta con la capacidad que solo se desarrolla desde la humildad del que aprende a ser mejor cada día, en cada evento, en cada mensaje, en cada mirada, en cada lágrima.  El nuevo líder, no  entrega la carreta para que alguien se desplace; se monta en la carreta y tira del caballo, acompañando al pasajero en su desplazamiento.

Recomiendo leer, también


·                     Echeverría, Rafael. (2003). La Ontología del lenguaje. Editorial Sáez: Chile.
Recuperado en Sept. 2014 y disponible en pdf en,
https://www.google.co.ve/webhp?source=search_app&gfe_rd=cr&ei=5nYpVKjLJMXd8gfB3oGQDw&gws_rd=ssl#q=echeverria+ontologia+del+lenguaje+pdf
·                     Lindner, Alberto. (2014) Todo es cuestión de aprender a escuchar. Disponible en,http://facilitymanager.blogspot.com/2014/11/todo-es-cuestion-de-aprender-escuchar.html
·                     Lindner, Alberto. (2015) Aprender, Observar, escuchar, Indagar y conversar Disponible en: http://facilitymanager.blogspot.com/2015/02/aprender-observar-escuchar-indagar-y.html
·                     Maturana, Humberto. (2014) Semblanza en wikipedia. Recuperado en Sept. 2014 y disponible en http://es.wikipedia.org/wiki/Humberto_Maturana


Nota: “escuchador” no existe en el diccionario. Oir es oidor, como ver a veedor. Hablar es a orador, como la escucha es a ¿“escuchador”?

jueves, febrero 12, 2015

Aprender, observar, escuchar, indagar y conversar

Cinco palabras escritas en verbo infinitivo, que en estos momentos de cambios mundiales, adquieren un significado poderoso. Los cinco verbos representan las cinco competencias de un hombre nuevo, ya sea padre, esposo, gerente, lider, o simplemente un ciudadano. Ya no se trata de convencer a otro, de reducir sus opiniones al mínimo, de alimentar a nuestro ego; solo se trata de conocer las normas de convivencia y de la nueva comunicación que se desprende de los principios filosóficos de Maturana y del padre de la ontología del lenguaje, Rafael Echeverría.


La Ontología del Lenguaje como hemos dicho en anteriores ocasiones, se trata del ser, se trata de podernos observar a nosotros mismos, y transitar un mundo nuevo lleno de aprendizajes que nos conducen a una vida más plena, humana, y social. Se trata también acerca del poder transformador de la palabra, ya que esta es acción, y es a través de su uso que podemos transformar al mundo, y en esa acción, transformarnos a nosotros mismos. Ese es el poder de la palabra, y el poder de la nueva comunicación; comunicación fundamentada ahora, en el saber escuchar y de entender que el escucha, es quién le da sentido a quién habla. Ya deja de ser pasivo el escucha, para conformar un nuevo modelo de comunicación, al entender que el otro, el que escucha, es un genuino “otro”, y que debemos validar lo que conversamos para cerrar las brechas, pues cada quien dice lo que dice y el otro, escucha lo que escucha.


Las cinco competencias están fundamentadas en los planteamientos de la ontología del lenguaje y son:


Aprender. Se trata de estar consciente de lo que somos en cada momento y desde allí, poder declararnos aprendices para poder seguir la senda de nuevos aprendizajes. No importa la edad ya que es cuestión de actitud, de pararse frente a la vida y reconocer que no tenemos que saber todo, y hablar de todo, en consecuencia. El aprendizaje y la humildad, nos colocan en actitud de aprendices. Con la práctica, podemos pasar de la incompetencia inconsciente, a la competencia inconsciente. Aprender son procesos, y además ciclos, en los cuales vamos practicando hasta alcanzar una nueva habilidad, desde donde nos podemos declarar nuevamente aprendices. Este ciclo puede no terminar nunca, se trata solo de proponérselo y aprehenderlo.


Observar. Todo el modelo de la Ontología del Lenguaje transformacional se fundamenta en el modelo OSAR, Observador, Sistema, Acción y Resultado propuesto por el Dr. Echeverría. La palabra es acción y esta nos mueve a obtener resultados. Desde allì, y en un aprendizaje de primer orden, podemos actuar sobre nosotros mismos y observar con humildad que siempre podemos hacer las cosas distintas y mejores. Se trata de mejorar nuestro desempeño. Sin embargo, y tras el poder transformador de la palabra en acción, se puede tener aprendizajes de segundo orden, donde podemos ver nuestro propio ser y darnos cuenta de las cosas o eventos que nos paralizan o los juicios que subyacen tras cada emoción. El darse cuenta representa un desplazamiento, una nueva forma de entender la realidad. Al observarnos, avanzamos.


Escuchar. Es un aspecto poderoso ahora que transforma todos los modelos de comunicación que hemos conocido. Se trata de entender que el que escucha, ahora valida al que habla y se convierte en un sujeto activo en la comunicación. El que habla entonces, debe reconocer al auténtico otro y validar si lo que escuchó, es lo que quiso decir. La gente aprecia al mundo de maneras distintas, desde sus propias realidades e historias; ahora se trata de cerrar brechas para distinguir las mismas cosas en un momento determinado. El escuchar es por lo tanto, el acto de percibir, a través de los sentidos, de nuestra condición biológica y ambiental, más la interpretación que cada quién hace de lo que está observando. Por eso somos distintos observadores que tienen necesariamente que cerrar brechas para comunicarse eficazmente. El escuchar es respetar al otro, reconocerlo como auténtico otro, es entender que forma parte necesaria de la propia comunicación. El escuchar sin dudas, vendrá a ser la mega competencia del siglo que avanzamos.


Indagar. El indagar es parte de todo lo mencionado antes. Desde nuestra humildad, preguntamos a nuestros interlocutores sobre el tema que se comunica, hacemos las preguntas correctas e hilamos la conversación, comprendemos a nuestro propio observador y reconocemos que en una conversación de dos, existen en realidad, cuatro conversaciones: las dos observables y la de cada quien consigo mismo, lo que llamamos su conversación interna. Si los puntos anteriores no han sido incorporados a nuestro ser, será difícil que el ego nos deje indagar para conocer más. El no reconocimiento del modelo del observador, hará que nuestra conversación interna tenga el volumen más alto que de quién estamos escuchando. Así, se abren las brechas y caemos entonces, en comunicaciones personales egocéntricas, básicamente. La maravilla de la Indagación es que nos abre mundos de posibilidades. Actualmente, existe una corriente mundial desarrollada por el Dr Cooperrider, que se denomina, Indagación Apreciativa. Esta se junta con los nuevos principios de la psicología positiva con la búsqueda de la felicidad y consiste en encontrar nuestras fortalezas y entender de lo que hemos sido capaces de “bien hacer” para aprender de ello y poder emprender el ciclo de mejora continua en nosotros mismos. Aplicado a las empresas, constituye una oportunidad de aprender de lo sucedido y crecer como equipos y como organizaciones.


Conversar. Este quinto verbo conlleva a las cuatro precedentes. Se trata de querer aprender, de constituirnos cada vez como el nuevo observador que vamos siendo, gracias a nuestras transformaciones, se trata de aprender a escuchar desde la persona que somos y de indagar sobre lo que el otro conversa. Las conversaciones son actos linguisticos, llenos de respeto, reconocimiento y aprendizaje. Es así como un coach puede ayudar a otro a poder observar lo que antes no había podido y en algunos casos, ver aquello que le había impedido avanzar. Esta disciplina reconoce varios tipos de conversaciones. Conversar para poder tener conversaciones; se trata de poder establecer distinciones entre las partes y entender que cuando uno denota algo, el otro comprende lo mismo. Esta conversación se utiliza en bandos enfrentados, no conciliados, y para la paz. Otra conversación, es la de los juicios, donde una persona expresa lo que siente y sobre que origina lo que siente. Esta conversación por si sola, viene a tener efectos sanadores pero no avanzamos, pues las causas de las emociones quizá sigan intactas. La conversación para la acción, le sigue a la de los juicios pues ya entendemos y podemos explicar hacia donde nos queremos mover. Entonces tenemos la conversación para el diseño de acciones, que es donde creamos nuevos mundos y podemos entonces desplazarnos o desplazarse los que conversen. La conversación, es la conclusión de la nueva comunicación, donde el que habla y el que escucha son actores importantes, activos y protagonistas. Se escucha, se reconoce, se aprecia, se indaga y por último se aprende.

Interesante que en la gerencia actual, cuando hablamos de competencias, sea que hagamos un listado de cosas muy complejas y enredadas como de liderazgos, de técnicas de persuasión, de negociación, o de visualización. Se trata simplemente, de aprender, observar, escuchar, indagar y conversar. Nada mas...

Recomiendo leer también

  • Echeverría, R. (2003). La Ontología del lenguaje. Editorial Sáez: Chile.Recuperado en Sept. 2014 y disponible en pdf en,https://www.google.co.ve/webhp?source=search_app&gfe_rd=cr&ei=5nYpVKjLJMXd8gfB3oGQDw&gws_rd=ssl#q=echeverria+ontologia+del+lenguaje+pdf
  • Lindner, A. (2013) Una breve mirada a la gestión por competencias. Recuperado Sept 2014. Disponible en, http://facilitymanager.blogspot.com/2013_08_01_archive.html
  • Maturana, H. (2014) Semblanza en wikipedia. Recuperado en Sept. 2014 y disponible en http://es.wikipedia.org/wiki/Humberto_Maturana
  • Seligman, M, (2013). La auténtica felicidad, Test VIA. Recuperado el 28 de agosto de 2013. Disponible en http://www.authentichappiness.sas.upenn.edu/seligman.aspx



martes, noviembre 25, 2014

Todo es cuestión de aprender a escuchar

Alexandra es supervisora de Juan, quién le explica lo que debe hacerse en el departamento y lo justifica. Alexandra le dice:

-“Eso que me estás diciendo me causa ruido”

¿La supervisora está en lo correcto al decir lo que dice? 

En principio, Alexandra debería conocer que el modelo de la comunicación al que hace referencia de Shannon y Weaber, se produjo justo de la interpretación del funcionamiento de equipos radioeléctricos de comunicación, donde ciertamente había un emisor, que colocaba un mensaje a través de un medio, que llegaba a un receptor. El ruido, aunque el modelo dice que en todas sus partes, cuando uno observa un sistema de comunicación, se da cuenta que el ruido está en el medio, donde se pierde el sonido, donde aparecen sonidos que no estaban en el mensaje o se cortan las palabras. Mal puede decir Alexandra entonces que lo lingüístico le produce ruido cuando el ruido está en el medio no en el mensaje.

Entonces “enjuiciar” una parte de una conversación diciendo que le causa “ruido” podría interpretarse que le molesta, que en otras palabras quiere decir, que lo que Juan está diciendo le molesta, siendo entonces problema exclusivo de ella y no de lo que Juan está explicando. 

La comunicación antes, se basaba en el hablar, dándolo menos importancia al escucha. En los nuevos modelos de la Ontología del lenguaje, el escucha adquiere especial importancia en la conversación, pues es el que valida lo que se habla. No se descalifica, sino que se indaga, se pregunta, se cierran las distancias entre lo que se dijo y lo que se escucha. En el caso de Alexandra, se pudo haber dicho,

 -“Juan, entiendo por lo que me estás diciendo que quieres…”, lo cual evidentemente es distinto a los ruidos que le produjo en el ejemplo anterior.

Escuchar es percibir, mas interpretar. La percepción es oir, en conjunto con los otros aspectos biológicos, mientras que interpretar tiene que ver con nuestra propia historia, nuestras vivencias, valores y hasta con nuestros juicios. La interpretación es nuestra propia mirada por lo que cada quién ve el mundo como lo interpreta; para conversar hay que validar constantemente lo que uno observa con respecto a lo que nosotros observamos o escuchamos. Todo se trata de acercarnos, de cerrar brechas y de reconocer que vivimos en mundos interpretativos. Uno no sale a la calle a ser poseído por una verdad, sino a interpretar lo que escuchamos y vemos del mundo. También se trata además de interpretaciones, de validar al otro como un autentico otro que tiene igual derecho que uno de interpretar el mundo que ve. Sino, estamos en el mundo del ego.

“Eso me hace ruido” es desde el ego que se dice, no se está reconociendo al otro, ni validando como escucha, ni reconociendo la validez del autentico otro. Cuando hablamos desde el ego, siempre pensamos que la percepción del mundo tal y como lo vemos, es el auténtico y verdadero. Las personas se pasan gran parte de sus vidas discutiendo sus posiciones y tratando de convencer al otro, o tratando de influenciarlo, mientras que es mucho mas saludable y sencillo, entender que cada quien escucha lo que escucha y dice lo que dice. La meta es acercarse unos a otros en su visión de vida.
Hasta ahora, entendemos que escuchar es igual a percibir más interpretar.

E= P+I

Sin embargo, y como hemos descrito, el escucha valida lo que otro dice. También, que debemos eliminar el ruido del medio en que se produce la conversación. Entonces, escuchar vendría a ser, la percepción con la interpretación, menos el ruido del medio, todo validado por aquellos que conversan y cuya brecha se quiere cerrar.

E=((P+I)*V)- R

(modelo: elaboración e "interpretación" propia basada en Ontología del Lenguaje)

Como dice mi amigo Germán, y su ego: “Que alivio se siente cuando entendemos que no tenemos que tener siempre la razón  y tener que luchar por ello.” Todo es cuestión de aprender a escuchar.


Referencias:
Echeverría, R. (2003). La Ontología del lenguaje. Editorial Sáez: Chile.Recuperado en Sept. 2014 y disponible en pdf en,
https://www.google.co.ve/webhp?source=search_app&gfe_rd=cr&ei=5nYpVKjLJMXd8gfB3oGQDw&gws_rd=ssl#q=echeverria+ontologia+del+lenguaje+pdf

Nota: La bitácora gráfica son mis apuntes en el taller de coaching