
Don Fulgencio, creció entonces y en su adolescencia trató de recobrar un poco de lo perdido y practicó música, artes, teatro y otras actividades. Para entonces, no era un niño sin infancia, sino un irreverente, adolescente.
Ya atrás la adolescencia, a las amistades más viejas que tenemos, se agregaron otras más jóvenes, con amistades creadas en la docencia, en la academia, en la tutoría. Un poco para sentirse más joven y actualizado y no perder la capacidad que tiene el lenguaje de cambiar de generación en generación. Para entonces, los que tratamos de ver hacia atrás, somos unos “viejos verdes” o lo que es lo mismo, un adulto que no quiere madurar. (Mi hermano llama “chautos” a los cambures verdes que no maduran y nadie los quiere, pero esa palabra no aparece en el diccionario). Toda la vida en un contrasentido, donde nunca terminamos de ubicarnos.
La siguiente reflexión no pretende ser académica, ni estructurada sino una simple reflexión de vida. Porque parece que las edades del hombre no sean ni más ni menos, que tres. Así pues, la edad cronológica, la edad biológica y la edad mental. Y son tres porque no son iguales y están asociadas además a espectros distintos.
La edad cronológica, es aquella que indica nuestro pasaporte, cédula o documento legal. Está asociada a la fecha de nacimiento y a la edad que realmente tenemos.
La edad biológica es la que aparentamos tener, cuando biológicamente aparentamos la edad cronológica o no la aparentamos. En la segunda opción, podemos aparentar más edad o menos edad, lo que pudiera estar relacionado a la vida que llevamos durante el transcurso de la vida misma. Cuando los excesos, las pasiones y la mala comida fueron lugares comunes en la juventud, es muy probable que la naturaleza se lo cobre en la madurez, y la edad biológica supere a la cronológica. Cuando al contrario, se vivió con criterios de escasez, es probable que aparentemos un poco menos edad de la que tenemos.
Por último, la tercera edad es la actitudinal, la mental. Está muy asociada a la edad que deseamos tener, en contraposición a la cronológica y mucho más, a la biológica. Siempre he pensado que la actitud correcta en la edad correcta, es lo correcto, aunque la edad actitudinal se encuentre a diez años menos de distancia. No solo es sentirse joven, sino aparentarlo y representarlo.
Con el paso del tiempo, la edad biológica se va moviendo en lo que la cronológica hace lo mismo; en algunos casos, la actitudinal se queda congelada en el tiempo. Con el pasar de los años, algunos entendemos, que en esta etapa del viaje ya se debe andar “ligerito” de posesiones materiales, y de pertenencias. El equipaje de cosas, se va cambiando por el de experiencias. Las pertenencias se disminuyen a lo esencial y a lo necesario. Como bien diría mi amigo Manel de @cumclavis, “ya con solo algunos libros y algunas cosas, es suficiente”, lectura que marcaría gravemente parte de mi existencia actual.
Y la verdad es, que a medida que las tres edades se van movilizando, las actitudes o visión de vida van cambiando; se trata de aligerar el equipaje a lo menos, así como cuando El Principito de Antoine de Saint Exupéry, decide regresar a su planeta y sabe que el viaje es largo y el cuerpo muy pesado..
Probablemente y en el mejor de los casos, la biológica vaya adelante, seguido por la cronológica y por último, la actitudinal. Inexorablemente, algún día habrán de solaparse, así como cuando los planetas se alinean en el firmamento, y debamos realizar el último viaje mágico. Por los momentos, no pretendo a que este fenómeno suceda.
Cuando niño vi un comics, que me imagino era de Meteoro, el joven que manejaba el Match 5 en la Fórmula Uno que era el héroe de todos, en esa época.
Un día, una niña enferma sabía que iba a morir al ver el sol subir al amanecer. Meteoro, montó a la niña en un avión y voló con el sol por horas, de manera que el sol nunca llegara a despuntar. Y así fue, y la niña se mejoró y curó.
Porque la vida debe ser una amanecer permanente, pleno de experiencias y juventud eterna. Las preocupaciones se deben cambiar por ocupaciones, las dolencias por el ejercicio, el apuro y el stress, por una sonrisa amable y una esperanza. El último sueño siempre es muy largo, por lo que no vale la pena perder ni un minuto acá. El equipaje pesado es para los más jóvenes, quienes le darán sus maletas a sus hijos, en lo que vayan creciendo y madurando.
Es extraño todo esto que relato y reflexiono. Quizá se trate que voy a dejar de fumar.
Imagen tomada de:
http://www.todohistorietas.com.ar/otrospersonajes.htm#DF