Siempre he pensado que los cuentos se parecen a la realidad, más de lo que uno supone. Más aún a los sucesos empresariales y organizacionales.
Hace muchos años leí las historías de Gibrán Jalil Gibrán y para entonces, que solo contaba con 21 años, me parecieron mágicas, increíbles, verdaderas. Era la época de las grandes lecturas y las verdades internas y de las absolutas…
Uno queda como marcado con las lecturas, y de vez en cuando se hace un "back up", de nuestro disco duro, para encontrar que algo que vimos o vivimos, se relaciona con algo que oímos o leimos.
Me parece interesante, para este foro de discusión gerencial, que lean este extraordinario cuento que copio textual y cito la fuente donde lo encontré…
“Había una vez, en la lejana ciudad de Wirani, un rey que gobernaba a sus súbditos con tanto poder como sabiduría. Y le temían por su poder, y lo amaban por su sabiduría.
Había también en el corazón de esa ciudad un pozo de agua fresca y cristalina, del que bebían todos los habitantes; incluso el rey y sus cortesanos, pues era el único pozo de la ciudad.
Una noche, cuando todo estaba en calma, una bruja entró en la ciudad y vertió siete gotas de un misterioso líquido en el pozo, al tiempo que decía:
-Desde este momento, quien beba de esta agua se volverá loco.
A la mañana siguiente, todos los habitantes del reino, excepto el rey y su gran chambelán, bebieron del pozo y enloquecieron, tal como había predicho la bruja.
Y aquel día, en las callejuelas y en el mercado, la gente no hacía sino cuchichear:
-El rey está loco. Nuestro rey y su gran chambelán perdieron la razón. No podemos permitir que nos gobierne un rey loco; debemos destronarlo.
Aquella noche, el rey ordenó que llenaran con agua del pozo una gran copa de oro. Y cuando se la llevaron, el soberano ávidamente bebió y pasó la copa a su gran chambelán, para que también bebiera.
Y hubo un gran regocijo en la lejana ciudad de Wirani, porque el rey y el gran chambelán habían recobrado la razón.”
Las empresas también pueden estar enfermas, ya no por un veneno, pero si por una cultura enferma, que no permite a nadie desarrollarse según principios que no sean los establecidos. Los que no compartan esos principios viciosos, son expulsados, cambiados o sustituidos. La experiencia nos indica, que cuando una organización está en esa etapa, es hora de renovar la dirigencia estratégica, por nuevas ideas, nuevos roles; gerenciando por procesos, y no por departamentos y funciones, gerenciando en forma proactiva y no en forma reactiva; gerenciando hacia la delegación de funciones, en forma interdependiente y no en forma esclavizada o dependiente, gerenciando con humanidad y humildad, y no por claros intereses individuales.
Creo que aplica muy bien a muchos casos. Creo que el fin del cuento de Gibrán está claro...Llegaron nuevos ascetas que enderezaron el rumbo y todos recobraron la cordura.
FIN
Hace muchos años leí las historías de Gibrán Jalil Gibrán y para entonces, que solo contaba con 21 años, me parecieron mágicas, increíbles, verdaderas. Era la época de las grandes lecturas y las verdades internas y de las absolutas…
Uno queda como marcado con las lecturas, y de vez en cuando se hace un "back up", de nuestro disco duro, para encontrar que algo que vimos o vivimos, se relaciona con algo que oímos o leimos.
Me parece interesante, para este foro de discusión gerencial, que lean este extraordinario cuento que copio textual y cito la fuente donde lo encontré…
“Había una vez, en la lejana ciudad de Wirani, un rey que gobernaba a sus súbditos con tanto poder como sabiduría. Y le temían por su poder, y lo amaban por su sabiduría.
Había también en el corazón de esa ciudad un pozo de agua fresca y cristalina, del que bebían todos los habitantes; incluso el rey y sus cortesanos, pues era el único pozo de la ciudad.
Una noche, cuando todo estaba en calma, una bruja entró en la ciudad y vertió siete gotas de un misterioso líquido en el pozo, al tiempo que decía:
-Desde este momento, quien beba de esta agua se volverá loco.
A la mañana siguiente, todos los habitantes del reino, excepto el rey y su gran chambelán, bebieron del pozo y enloquecieron, tal como había predicho la bruja.
Y aquel día, en las callejuelas y en el mercado, la gente no hacía sino cuchichear:
-El rey está loco. Nuestro rey y su gran chambelán perdieron la razón. No podemos permitir que nos gobierne un rey loco; debemos destronarlo.
Aquella noche, el rey ordenó que llenaran con agua del pozo una gran copa de oro. Y cuando se la llevaron, el soberano ávidamente bebió y pasó la copa a su gran chambelán, para que también bebiera.
Y hubo un gran regocijo en la lejana ciudad de Wirani, porque el rey y el gran chambelán habían recobrado la razón.”
Las empresas también pueden estar enfermas, ya no por un veneno, pero si por una cultura enferma, que no permite a nadie desarrollarse según principios que no sean los establecidos. Los que no compartan esos principios viciosos, son expulsados, cambiados o sustituidos. La experiencia nos indica, que cuando una organización está en esa etapa, es hora de renovar la dirigencia estratégica, por nuevas ideas, nuevos roles; gerenciando por procesos, y no por departamentos y funciones, gerenciando en forma proactiva y no en forma reactiva; gerenciando hacia la delegación de funciones, en forma interdependiente y no en forma esclavizada o dependiente, gerenciando con humanidad y humildad, y no por claros intereses individuales.
Creo que aplica muy bien a muchos casos. Creo que el fin del cuento de Gibrán está claro...Llegaron nuevos ascetas que enderezaron el rumbo y todos recobraron la cordura.
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