
Al sembrar un arbol, desarrollamos la visión ecológica y holística del entorno, comprendiendo la importancia que tiene el efecto multiplicador de hacer un acto humano. Al escribir un libro compartimos el conocimiento acumulado por años, hacia esa maravillosa experiencia de convertirlo en conocimiento explícito, para que otros, tras su lectura, puedan aplicarlo tambien.
Al tener o criar un hijo, (propio o ajeno), ayudamos al crecimiento sustentable de la humanidad, a la continuación de la especie, de sus creencias, con visión sistémica con los valores adquiridos, y ayudar a la construcción de un mundo mejor.
Ya en mis superados 50´s y tras haber sembrado, escrito y criado, es propio hacer reflexiones y tener una visión retrospectiva. Hoy quiero hablar de los árboles.
(Una pequeña historia).
Para el año de 1998, nos encontrábamos construyendo tres edificios en Caracas y dos casas en una urbanización importante. La casa tenía un jardín enorme, protegido por dos grandes "Jabillos" de por lo menos dos metros de diámetro el tronco, y 30 metros de alto. Estos fueron protegidos, cuidados, atendidos durante toda la construcción. A su sombra crecieron mangos, palmas, bambues y otras especies menores.
Para el año de 1998, nos encontrábamos construyendo tres edificios en Caracas y dos casas en una urbanización importante. La casa tenía un jardín enorme, protegido por dos grandes "Jabillos" de por lo menos dos metros de diámetro el tronco, y 30 metros de alto. Estos fueron protegidos, cuidados, atendidos durante toda la construcción. A su sombra crecieron mangos, palmas, bambues y otras especies menores.
Ya terminando la construcción se decidió construir una cancha de "fronton" que debía medir, 24 de largo, 6 de ancho y 6 de alto. Al replantear el largo, observamos que quedaba dentro del lindero, un arbolito. Pero las medidas eran estrictas y debía ser normativa para valer para campeonatos.
En mis obras nunca se han talado árboles, a menos que estén permisados por el Municipio y nos indique las contraprestaciones para sembrar otras especies en otros sitios.
Nos quedaba la opción del transplante, para lo cual llamamos a un botánico. Dijo: "Es una especie muy rara de "Cerecita", casi siempre es un arbusto pero acá se convirtió en arbórea, es muy raro. No va a soportar un transplante porque es muy vieja"
Acudimos a libros, expertos, maestros, libros de botánica y cuanto indicador en la biblioteca existiera (Para esa fecha no se usaba internet).
Hoy en 2008, la cancha tiene 22 metros de largo, y la cerecita sigue floreando todos los años, acompañando la mágica experiencia de las estaciones, (solo dos en Venezuela), con fragancias y cientos de pájaros que llegan de toda la ciudad a disfrutar de su jugoso fruto. Casi siempre, por esta fecha, visito a los dueños de la casa y disfruto con ellos de ese evento. Cancha y cerecita, unos de los sitios mas respetados por los jugadores de ese deporte.
Cuando me mudé a mi casa hace 20 años, lo primero que hice fué sembrar un árbol: un "Caobo". Solo medía 40 centímetros cuando se plantó. Hoy es un gran arbol, fuerte, y también florea multicolor en esta estación. La foto del comienzo de este post, es la vista desde mi ventana...
(Reflexión posterior: Que importante es tener una visión ecologista y sistémica de la construcción. No todo se transforma en ingresos y rendimiento.También existe, lo que hiciste, tu propio, indeleble y auténtico legado. A veces voy a ver a todos los árboles que he protegido durante estos 28 años de experiencia. No debemos ser los constructores, un poco Facility managers?)
Alberto